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OBRA SALESIANA
RESEÑA HISTÓRICA




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Colocó la imagen en el cobertizo e hizo que le tomaran fotografías para mandar a hacer estampitas y repartirlas a los niños del Oratorio y a las personas que asistían a la Eucaristía los domingos; una de estas fotografías la mandó a ampliar y le hizo colocar un hermoso marco florentino.
Inicialmente llegaron habitantes de los alrededores, luego los obreros de los barrios cercanos, después las parejas jóvenes que consagraban su hogar al Divino Niño Jesús. En poco tiempo miles de personas de todos los rincones de la ciudad acudían el Campo Salesiano San José. El Padre Juan del Rizzo inicio el programa de Pan y Chocolate con los niños del Oratorio.

En 1936 por la afluencia de devotos se vio la necesidad de construir un Templo. Los planos fueron diseñados por los señores Coadjutores Salesianos Juan Buscaglione y Constantino de Castro. El 19 de marzo de 1937 se bendijo la primera piedra. Aunque la tarea no fue fácil, el Padre Juan del Rizzo se dedicó con todas sus fuerzas a recolectar entre devotos y familias pudientes de la capital, el dinero para la construcción del templo.

El Gobierno Distrital atendió las solicitudes que un grupo de habitantes del sector y de salesianos, le hacían para prolongar la línea del tranvía hasta el sector; con esto el número de devotos aumentó dramáticamente y los milagros del Divino Niño Jesús viajaron con más facilidad; lo mismo que el Padre Juan del Rizzo, que todas las tardes tomaba el tranvía rumbo al centro de la ciudad, a pedir limosna para la construcción del templo y sin olvidar nunca a los pequeños del Oratorio. La construcción demoró cinco años de fatigas y sacrificios, pero al fin en 1942 se hace la solemne inauguración del templo y se crea la Parroquia Niño Jesús.

Pero el Padre Juan del Rizzo no sólo se dedicó en estos años a la construcción del templo. Se esforzó enormemente en propagar aún más la Devoción al Divino Niño Jesús. Gracias a Jesús Niño, los niños pobres se alimentaban y vestían; reconocía, además, como lo hizo Don Bosco, que a estos pequeños le debía dedicar hasta el último segundo de su vida.
En 1938 el Padre del Rizzo organizó el grupos llamado "los caballeros del Niño Jesús", integrado por colaboradores y amigos de la Obra; creó las "Granjas Agrícolas y Talleres Infantiles del Niño Jesús", en donde niños y niñas aprendían algún arte para poder defenderse en la vida; conformó la "Schola Cantorum" a cargo de un prestigioso maestro que les enseñaba a los pequeños a tocar el órgano y a acompañar las Eucaristías con gran solemnidad y todos los días después del catecismo, cientos de niños recibían de manos del Padre Juan el pan y el chocolate.

En 1925 el entonces Rector del Colegio Salesiano de León XIII, Padre José María Bertola, se percató que los alumnos internos tenían la necesidad de nuevos espacios donde jugar y correr y encargó al Padre Isidoro Gama la tarea de buscarlos. Fue así como se ubicó un terreno en el sur oriente de la sabana en el sector llamado "20 de julio" que apenas empezaba a ser habitado por familias de obreros y campesinos. "Aquí nos llama Dios a hacer presencia", fue la expresión del Padre Bertola cuando conoció el lugar.

El 28 de junio de 1925, el Padre Gama adquirió el terreno en nombre de la Sociedad Salesiana y al Coadjutor Salesiano Ramón Ruiz, fue a quien se le encomendó la tarea de transformar el adusto terreno, en un hermoso campo de deportes, un trabajo que duró tres años. El 12 de octubre de 1928 se inauguró el lugar con el nombre de "Campo San José", en honor al Padre José María Bertola, quien ese mismo año fue nombrado Inspector de la Obra Salesiana en Colombia. En abril de 1933, el Padre Luis Eduardo Gómez reunió un grupo de jóvenes y los preparó para celebrar la Semana Santa y se inició el Oratorio en el Campo San José. El Padre Gómez, los coadjutores Ramón Ruiz, Pablo Emilio Castro, Pablo Gerardo Ortiz y la Hermana María Helena Caicedo fueron los encargados del naciente Oratorio.

En 1934, el Padre Juan del Rizzo llega al Colegio Salesiano de León XIII y se responsabiliza del Oratorio. El Padre Juan, gran devoto del Niño Jesús de Praga, se dedica a propagar esta devoción y atendiendo las recomendaciones del Padre Bertola, se dirige al centro de la ciudad, a un almacén de artículos religiosos y compra allí una hermosa imagen del Niño Jesús. Pide que le retiren una cruz que llevaba en la espalda y que retoquen un poco el rostro. Al contemplarla terminada el Padre del Rizzo se asombró de la belleza de la imagen, pues sin la cruz, los brazos abiertos del Niño daban la sensación de acoger a todo el que acudiera a Él.

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